lunes, 25 de marzo de 2013

Oraciones a Yin y con Yin (Gabriela Mistral)

Con Yin 

.....Hijito nuestro, perdóname si te fallé en tus horas más apremiadas. Perdóname que en los momentos en que decidías tu destino, yo no haya estado junto a tu tribulación.
..... Ay, ese largo forado en el tiempo, por el cual entraste a tu agonía, pudo haberme tenido cerca, si no a tu lado, y aún capaz de convencerte y de irte guiando hacia la vida.
..... Perdóname, hijito, perdóname todas mis lejanías y alejamientos. Perdóname en mérito de lo que te di siempre: mi amor anudado a tus pasos, mi pobre amor que ahora se tambalea y cae como una bandera sin mástil.
..... Sentada al fondo de este pozo de ceniza, óyeme a través de la noche y recibe mi pena, alta como humareda.
..... Te busco y te rastreo por las cosas que aún están tibias de ti, que aún dan tu suave vaho; he dejado sobre tu mesa los libros abiertos, y abiertas se han quedado las cortinas, todo expectante como tus ropas, que casi logran cuajar tu bulto arrancado.
..... Murmúrame en el sueño, neto y rotundo, tu nombre y mi nombre. Lo escuche así yo, durmiendo, y despierte recién nacida de perdón.


Para Yin

..... En este nuevo día, mi amor fiel e integro va hacia ti, Juan Miguel, Yin.
..... Siente que mi pobre amor llega hasta ti y se queda un tiempo contigo.
..... Yo no quiero turbarte si ya tienes paz y dicha, vida mía.
..... Pero si tú no la tienes todavía enteramente, sabe tú, niñito mío, que mi ternura vela por ti y sabe que me quedo al lado tuyo buscando darte algo de esa paz y de esa alegría.
..... Recíbeme, vida mía, siénteme y reconóceme.
..... Yo quiero comenzar y terminar mi día contigo, con tu corazón en mi mente, y tu nombre en mi boca.

viernes, 22 de marzo de 2013

ENFERMEDADES EN MI CASA (Pablo Neruda)


Cuando el deseo de alegría con sus dientes de rosa
escarba los azufres caídos durante muchos meses
y su red natural, sus cabellos sonando
a mis habitaciones extinguidas con ronco paso llegan,
allí la rosa de alambre maldito
golpea con arañas las paredes
y el vidrio roto hostiliza la sangre,
y las uñas del cielo se acumulan,
de tal modo que no se puede salir, que no se puede dirigir
un asunto estimable,
es tanta la niebla, la vaga niebla cagada por los pájaros,
es tanto el humo convertido en vinagre
y el agrio aire que horada las escalas:
en ese instante en que el día se cae con las plumas deshechas,
no hay sino llanto, nada más que llanto,
porque sólo sufrir, solamente sufrir,
y nada más que llanto.


El mar se ha puesto a golpear por años una pata de pájaro,
y la sal golpea y la espuma devora,
las raíces de un árbol sujetan una mano de niña,
las raíces de un árbol más grande que una mano de niña,
más grande que una mano del cielo,
y todo el año trabajan, cada día de luna
sube sangre de niña hacia las hojas manchadas por la luna,
y hay un planeta de terribles dientes
envenenando el agua en que caen los niños,
cuando es de noche, y no hay sino la muerte,
solamente la muerte, y nada más que el llanto.


Como un grano de trigo en el silencio, pero
a quién pedir piedad por un grano de trigo?

Ved cómo están las cosas: tantos trenes,
tantos hospitales con rodillas quebradas,
tantas tiendas con gentes moribundas:
entonces, cómo?, cuándo?,
a quién pedir por unos ojos del color de un mes frío,
y por un corazón del tamaño del trigo que vacila?

No hay sino ruedas y consideraciones,
alimentos progresivamente distribuidos,
líneas de estrellas, copas
en donde nada cae, sino sólo la noche,
nada más que la muerte.


Hay que sostener los pasos rotos.

Cruzar entre tejados y tristezas mientras arde
una cosa quemada con llamas de humedad,
una cosa entre trapos tristes como la lluvia,
algo que arde y solloza,
un síntoma, un silencio.

Entre abandonadas conversaciones y objetos respirados,
entre las flores vacías que el destino corona y abandona,
hay un río que cae en una herida,
hay el océano golpeando una sombra de flecha quebrantada,
hay todo el cielo agujereando un beso.


Ayudadme, hojas que mi corazón ha adorado en silencio,
ásperas travesías, inviernos del sur, cabelleras
de mujeres mojadas en mi sudor terrestre,
luna del sur del cielo deshojado,
venid a mí con un día sin dolor,
con un minuto en que pueda reconocer mis venas.

Estoy cansado de una gota,
estoy herido en solamente un pétalo,
y por un agujero de alfiler sube un río de sangre sin consuelo,
y me ahogo en las aguas del rocío que se pudre en la sombra,
y por una sonrisa que no crece, por una boca dulce,
por unos dedos que el rosal quisiera
escribo este poema que sólo es un lamento,
solamente un lamento.