domingo, 19 de mayo de 2013

Soledad (Solitude)

Rie, y el mundo rie contigo:
Llora, y llorarás solo.
Lo que la triste vieja tierra debe prestar es alegría
Pero ella misma tiene suficientes problemas.
Canta, y las colinas te contestarán;
Suspira, y se perderá en el aire.
Los ecos rebotan en un alegre sonido,
Pero se encogen sin considerar la voz.

Alégrate, y los hombres te buscarán:
Aflígete, y ellos darán la vuelta y se irán.
Ellos quieren por completo tu placer entero,
Pero no necesitan tu infortunio.
Muéstrate feliz y muchos serán tus amigos;
Muéstrate triste y los perderás a todos.
No hay nadie que decline tu néctar de vino,
Pero debes beber la hiel de la vida en soledad.

Festeja, y tus salones estarán repletos,
Ayuna, y el mundo te ignorará.
Ten éxito y da, y eso te ayuda a vivir,
Pero nadie puede ayudarte a morir.
Hay espacio en los salones del placer
Para un largo y digno tren,
Pero uno por uno todos tenemos que desfilar
Por los estrechos pasillos del dolor.


Laugh, and the world laughs with you;
Weep, and you weep alone.
For the sad old earth must borrow its mirth,
But has trouble enough of its own.
Sing, and the hills will answer;
Sigh, it is lost on the air.
The echoes bound to a joyful sound,
But shrink from voicing care.

Rejoice, and men will seek you;
Grieve, and they turn and go.
They want full measure of all your pleasure,
But they do not need your woe.
Be glad, and your friends are many;
Be sad, and you lose them all.
There are none to decline your nectared wine,
But alone you must drink life's gall.

Feast, and your halls are crowded;
Fast, and the world goes by.
Succeed and give, and it helps you live,
But no man can help you die.
There is room in the halls of pleasure
For a long and lordly train,
But one by one we must all file on
Through the narrow aisles of pain.

Ella Wheeler Wilcox (1850-1919)

martes, 14 de mayo de 2013

Monólogo de Hamlet (William Shakespeare)

Ser o no ser, esa es la cuestión. 
¿Qué es más noble para el alma sufrir 
los golpes y las flechas de la injusta fortuna 
o tomar las armas contra un mar de adversidades 
y oponiéndose a ella, encontrar el fin? Morir, dormir… 
nada más; y con un sueño poder decir que acabamos 
con el sufrimiento del corazón y los mil choques 
que por naturaleza son herencia de la carne… 
Es un final piadosamente deseable. Morir, dormir,  
dormir… quizá soñar. Ahí está la dificultad. 
Ya que en ese sueño de muerte, los sueños que pueden venir 
cuando nos hayamos despojado de la confusión de esta vida mortal, 
nos hace frenar el impulso. Ahí está el respeto 
que hace de tan larga vida una calamidad. 
Pues quien soportaría los latigazos y los insultos del tiempo, 
la injusticia del opresor, el desprecio del orgulloso, 
el dolor penetrante de un amor despreciado, la tardanza de la ley, 
la insolencia del poder, y los insultos 
que el mérito paciente recibe del indigno 
cuando él mismo podría desquitarse de ellos 
con un puñal. Quejarse y sudar bajo una vida cansada, 
por el temor a algo después de la muerte – 
El país sin descubrir de cuya frontera 
ningún viajero vuelve- aturde la voluntad 
y nos hace soportar los males que sentimos 
en vez de volar a otros que desconocemos. 
La conciencia nos hace cobardes a todos. 
Y así el nativo color de la resolución enferma por el hechizo pálido del pensamiento 
y empresas de gran importancia y peso 
con lo que a esto se refiere, sus corrientes se desbordan 
y pierden el nombre de acción.