viernes, 13 de mayo de 2011

Rimas y Leyendas (Gustavo Adolfo Bécquer)

Rima IV


No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía
Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías;
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a escribir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que el cálculo resista;
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a do camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
Mientras sintamos que se alegra el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanza y recuerdos;
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que lo miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!

Rima XVII

Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado.
¡Hoy creo en Dios!

Rima XXI

¿Qué es poesía? dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul;
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú

Rima XXIII

Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo,
por un beso,.. ¡yo no sé
qué te diera por un beso!

Rima XXX

Asomaba a sus ojos una lágrima
a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor
yo digo aún: “¿Por qué callé aquel día?”
y ella dirá: “¿Por qué no lloré yo?”

Rima XXXV

¡No me admiró tu olvido! Aunque un día
me admiró tu cariño mucho más;
porque lo que hay en mí, que vale algo,
eso... ¡ni lo pudiste sospechar!


Rima XLII

Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de dónde estaba.
Cayó sobre mi espíritu la noche;
en ira y en piedad se anegó el alma...
¡Y entonces comprendí por qué se llora,
y entonces comprendí por qué se mata!
Pasó la nube de dolor..., con pena
logré balbucear breves palabras...
¿Quién me dio la noticia ... ? Un fiel amigo.
¡Me hacía un gran favor...! Le di las gracias.

Rima L

De lo poco de vida que me resta
diera con gusto los mejores años,
por saber lo que a otros de mí has hablado.
Y esta vida mortal... y de la eterna
lo que me toque, si me toca algo,
por saber lo que a solas
de mí has pensado.

Rima LX

Como se arranca el hierro de una herida,
su amor de las entrañas me arranqué,
aunque sentí al hacerlo que la vida
me arrancaba con él.
Del altar que le alcé en el alma mía
la voluntad su imagen arrojó,
y la luz de la fe que en ella ardía
ante el ara desierta se apagó.
Aún para combatir mi firme empeño
viene a mi frente su visión tenaz...
¡Cuándo podré dormir con ese sueño
en que acaba el soñar!

Rima LXXXI

Dices que tienes corazón, y sólo
lo dices porque sientes sus latidos,
eso no es corazón... es una máquina
que al compás que se mueve hace ruido.

Rima XCVI

Para encontrar tu rostro
miraba al cielo,
que no es bien que tu imagen
se halle en el suelo;
si de allí vino,
el buscarla en su origen
no es desvarío.


 
































Eros y Psique (François Gérard, 1798)

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